sábado, 6 de agosto de 2011



VIERNES, 5 DE AGOSTO DE 2011
Lispector y las lenguas
Pasaron 34 años de su muerte y a quienes ni siquiera existían en los ’70 “la medusa” los y las atrae y no sólo a estas generaciones, porque sus obras parecen evocar el símil de una novel escritora que por su talento y provocación, ya imposible de ser cuestionado, muchos se disputan su lanzamiento al mercado. Editoriales locales, profesores, profesoras, estudiantes, artistas en general siguen yendo a su búsqueda, tal vez como quien busca “instantejá” donde descifrarla, una tarea que Clarice Lispector no reparó nunca en facilitar.
Por Carolina Selicki Acevedo
Inclasificable, transgresora, ucraniana de origen y con padres rusos, a los dos años de vida pasaría a radicarse en Brasil, país en el cual supo ganarse un lugar consagrado entre las grandes plumas, a costa de ser fiel a su “noestilo” como gustaba autodefinirse para alejarse de toda etiqueta modernista o posmodernista, de zambullirse en los recovecos del silencio en busca de la palabra, para hacer una de las cosas que más amaba en el mundo: escribir. Un soplo de vida (1978) es el libro póstumo que no llegó a terminar de escribir antes de su muerte en 1977 a raíz de un cáncer de ovario, tarea de la que se ocupó su amiga Olga Borelli. Como bien señala Paloma Vidal en el prólogo de su traducción que salió publicada el año pasado bajo el sello de Ediciones Corregidor, gracias a que los herederos de la escritora dieron el OK, se trata de un libro de quien está empezando (rol metamorfoseado en Angela, la protagonista), de un indagar en el por qué, cómo, para qué escribir. Clarice una vez más con su juego en espejo, conlleva a un repensar al lector actual, ya que es a quien se intenta convencer de enfrentarse a una lectura de alguien que lo hace por primera vez. Esto se evidencia en sus crónicas, sus novelas y de un modo más notorio en esta última obra.
Para quien comienza a aventurarse en la lectura de quien supo dar batalla a los prejuicios “machistas” de que belleza e inteligencia no se pudiesen reunir en una sola persona o dejar perpleja a la crítica brasileña y extranjera al deslindarse de su “escritura demasiado femenina e introspectiva” de sus inicios y colocar al frente de sus novelas a narradores/autores masculinos, es difícil decidir por dónde comenzar. Tal vez sus cuentos o sus crónicas sirvan de excelente carta de presentación, con textos más fluidos que los que se presentan en sus últimas novelas, con personajes para nada heroicos como Macabea, colmadas de digresiones y narración aletargada pero que siguen conduciendo al lector a un devenir de interrogantes existenciales y donde el lenguaje se instala como personaje principal (aunque la muerte pareciera imponerse). No importa la puerta de entrada, ella seduce por donde se la lea.
Revelación de un mundo (2008) y Descubrimientos (2010) conforman la publicación en castellano, por parte de Adriana Hidalgo editora (AH), de las crónicas que Clarice escribió cada sábado, entre el 19 de agosto de 1967 y el 29 de diciembre de 1973, donde a partir de “anécdotas” cotidianas dio igual importancia a reflexiones sobre sus mucamas, sus charlas con taxistas o sus cuestionamientos, entre líneas, a las políticas imperantes por aquellos años oscuros. Cuenta en el prólogo la traductora del último tomo, que su falta de encasillamiento en un género se ve claramente reflejado en la versatilidad con que se publicaron en las décadas del ’60 y ’70 sus crónicas y cuentos, agrupándose, luego dividiéndose, luego volviendo a reagruparlos, teniendo en cuenta que todos los cuentos del volumen La legión extranjera (1964) aparecieron como crónicas en el Jornal do Brasil y resalta que esta digresión “arqueológica” muestra la “extraordinaria libertad genérica que reina en toda la literatura de Clarice Lispector”. Sus crónicas cuestionan el género pero también al sujeto que narra, como lo hará la misma Clarice en la mayoría de sus obras, acentuándolo en las últimas, La hora de la estrella y Un soplo de vida.
EN BUSCA DEL LECTOR CAUTIVO
Fabián Lebenglik, crítico de arte y director asociado de AH, destaca que “la importancia de publicar las crónicas radicaba en que se trataba del primer material inédito de Clarice Lispector que llegó a la Argentina. Para ello pedimos los derechos mundiales que nos posibilitaron exportar el material también a todos los países de habla hispana, con especial énfasis en España, América latina y el público latino de Estados Unidos”. A partir de allí, se decidió dividir el conjunto de crónicas que se había publicado sólo en Brasil por una “cuestión temática” y para privilegiar el goce “de a poco” de su lectura, como recomienda.
Para Lebenglik, las crónicas son el material ideal para quien comienza a conocer a esta escritora y ya van por su sexta edición. “El público de nuestras publicaciones supera el ámbito académico y las fronteras argentinas”, cuenta con alegría por lo cosechado y respecto de la selección de las traductoras agrega: “Para el primer tomo elegimos a Amalia Sato, a quien nos ligan años de amistad y su gran difusión de la literatura brasileña, ella es profesora del Funceb (Fundación de Estudos Brasileiros). El segundo tomo estuvo a cargo de Claudia Solans, por ser una excelente traductora y a partir de allí la mayoría de nuestras traducciones las hace ella”. Esta firma fue la que además publicó la primera biografía de Clarice Lispector de la mano de Nádia Batella Gotlib, con fotos y anécdotas de su vida desconocidas hasta el momento. Sus publicaciones están acompañadas de una política de difusión de la literatura brasileña y a diferencia de otras propuestas editoriales no publicarán por ahora nada más sobre Lispector, ya que “no apuntamos a centralizarnos en un autor, sino a rescatar material inédito”. Entre las obras difundidas por AH se pueden destacar la retraducción de Joao Guimaraes Rosa a cargo de Florencia Garramuño y Gonzalo Aguilar, también con derechos mundiales, y las publicaciones de Dyonelio Machado, Caio Fernando Abreu, quien junto a Joao Gilberto Noll, serían parte de las jóvenes generaciones de escritores admiradores de la obra de Lispector, entre otros.
Ediciones Corregidor es otra de las editoriales argentinas que apostaron a la autora brasileña y ha ampliado su enfoque en torno de las exigencias de los lectores. María Fernanda Pampín –una de los cuatro hijos de Manuel Pampín, que continúa la obra de su padre, quien logró hacerse un lugar en el mundo editorial independiente– cuenta por qué dentro de la colección Vereda Brasil hay mayoría de títulos de la escritora. “El primer acercamiento a la literatura de Lispector se dio con la publicación de La araña en 1973, luego fue reeditada en Vereda Brasil y el año pasado incorporada en la subcolección Biblioteca Lispector en el marco de dicha colección, cuando decidimos adquirir derechos de más obras suyas –La hora de la estrella (2010), Un soplo de vida (Pulsaciones) (2010), Un aprendizaje o el libro de los placeres (publicado en enero de este año)– debido al destacado lugar que ocupa la autora en el campo de la literatura no solamente brasileña sino universal. Ponemos a disposición del gran público sus libros más importantes con cuidadas traducciones y con la misma rigurosidad académica en los estudios críticos que acompañan cada obra.”
María Fernanda coincide con Fabián en que la respuesta del público lector ha sido muy positiva y excede ampliamente el ámbito académico y señala que “si bien existían traducciones al español, presentamos nuevas pensadas para el lector latinoamericano y con un precio muy accesible. Asimismo, la presentación de las obras de Lispector con la performance Pensando en tortugas en marzo pasado en el Malba –basada en textos de la autora y dirigida por Fabiana Capriotti– tuvo un inaudito éxito de público asistente que habla también de la repercusión de la autora”.
COMO TRADUCIR LO INTRADUCIBLE
El Dr. Mario Cámara es integrante de la cátedra de Literatura Brasileña de la UBA, a cargo del docente y ensayista Gonzalo Aguilar, desde donde a diario acompaña a los universitarios a desentrañar, entre otros autores, a la misteriosa Lispector. Además, ha participado de la colección Vereda Brasil en el armado de algunos de sus libros –produjo los de los escritores Paulo Leminski y Ferreira Gullar– y también ha contribuido con traducciones y artículos críticos. Sin embargo, su tarea más ardua ha sido sin dudas lograr que en su pasaje al español el significado de la escritura de Clarice fuese lo más equivalente posible al de su origen.
¿Cuál fue la mayor complejidad que presentó traducirla? (teniendo en cuenta que tuvo a cargo dos de sus obras emblemáticas para la editorial El Cuenco de Plata: Lazos de familia y La pasión según G.H.)
M.C.: –Encontrar el tono de sus textos, especialmente de Lazos de familia, que lo traduje con Edgardo Russo. La literatura de Clarice es muy traicionera en su aparente sencillez y ese fue un punto que tuvimos que trabajar mucho. El desafío fue poder traducir no sólo sus palabras, sino sus climas.
Considerando que previamente a la traducción, has sido lector de esta autora, ¿cómo lograste dejar a un lado ese rol?
M.C.: –Creo que traducir refuerza el rol de lector que uno tiene. Es una tarea microscópica que ayuda a mejorar la lectura del texto. Agradezco la experiencia porque eso me hizo un mejor lector de Clarice.
¿Por qué considerás que sus obras no pierden vigencia y año a año continúan apareciendo nuevas traducciones en nuestro país?
M.C.: –Es difícil dar una respuesta. Creo que Clarice puede ser leída por un público amplio pese a su complejidad, pero también creo que su literatura todavía nos sigue proponiendo preguntas para pensar nuestro presente.
EL DESAFIO DE REPRESENTAR A UNA AUTORA INABARCABLE
Esquiva a la exposición pero sincera hasta la “casi desnudez” en sus textos, quien nunca consideró la adaptación de sus obras al teatro, se sorprendería (o tal vez sólo fingiría sorpresa tras su siempre vigente sarcasmo) de que actrices cada vez más jóvenes se animen a darles voz a sus palabras, ponerle el cuerpo e intentar seleccionar un fragmento de su heterodoxa producción. Ana Luz Kallsten, con apenas 23 años, decidió dejar atrás todo cuestionamiento y acompañada sólo de una puesta sencilla pero ideal para lograr un clima intimista se animó a afrontar el unipersonal Una felicidad posible, que ideó a partir de su admiración por la escritora y que puede disfrutarse hasta el 18 de septiembre en el teatro Querida Elena en La Boca. A partir de la lectura en una clase de teatro de Lazos de familia no dejó de comprarse libros de Lispector y en diciembre del año pasado decidió materializar la representación. “Creí que no podría sostener la puesta, que me faltaba un mundo para contarlo pero no por eso tenía que dejar de hacerlo y si a mí me pasaba algo con lo que había leído, no tenía entonces que tener 50 años”, confiesa la actriz. A partir de la cita del prólogo de La pasión según G.H.: “Mi vida me quiere escritora y entonces escribo...”, apropiada por una actriz que juega a poner en evidencia sus dificultades en escena ( se basa en los textos “Felicidad clandestina”, “El huevo o la gallina”, “La huérfana del armario” y “La búsqueda de la dignidad”) y que a su vez no puede dejar de actuar un minuto, Kallsten se mueve por la habitación con una puesta de luces que en muchos momentos dificulta seguir sus pasos, como Clarice hacía con sus palabras. “La mayoría pretende escuchar cual o tal relato, de modo solemne y esa no es la forma en que yo pretendía representarla, ya que el primer desafío fue cómo abordar su obra que parece inabarcable. Además de que no podría representar lo que en la mente del público/lector ya se ha creado en torno de esta autora. Por eso se plantea el abordaje a través de una actriz y de su imaginario.”
La dirección fue compartida entre Viviana Suraniti y Gabriel Peralta y para quien creció rodeada de hermanos varones la experiencia de la primera y las marcaciones del segundo junto a la cercanía en edad con la asistente de dirección ayudaron a “encontrar el giro teatral” y poder explotar “lo femenino”. “Pasar de un personaje al otro no me hace sentir desnuda, cuando me quito la ropa estoy mostrando mi alma y es lo que tenía Clarice. Cuando la gente apuntaba a su belleza, ella les retrucaba: ‘¿Qué pasa con mi alma, con mi imaginario? Además, era tan amante de la música clásica como de Roberto Carlos y no por ello se avergonzaba’.” Ana, al igual que Clarice, no se preocupa tanto por lo que opina la crítica como lo que opina un lector al salir de la sala, lo considera un camarada y “si alguien descubre a Lispector con mi obra, disfruta de los momentos en que parece que no te está diciendo nada y te manda un sacudón existencial y se va con ganas de leerla, yo soy doblemente feliz”.
Por sus inicios o por el final, leerla, descifrarla o interpretarla es siempre una pregunta que apunta a quien confesara en una de sus crónicas: “Si yo pudiera, dejaba mi lugar en esta página en blanco: lleno del mayor silencio. Y cada uno que mirara el espacio en blanco, lo llenaría con sus propios deseos”.
PRÓXIMAS PUBLICACIONES
Ediciones Corregidor anunció la publicación de La legión extranjera, traducida por Paloma Vidal, para octubre, y La vía crucis del cuerpo, con traducción de Gonzalo Aguilar, para noviembre, mientras que se espera que El Cuenco de Plata edite próximamente la novela Viaje al corazón del día. Por su parte, AH continuará con inéditos de la literatura brasileña: Malagueta, Perus y Bacanazo, de Joao Antônio Ferreira Filho, el equivalente urbano a Guimaraes, saldría a la venta en dos meses, sobre gente del submundo paulista y su relación con la delincuencia.

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